Mostrando entradas con la etiqueta A pie. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta A pie. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de julio de 2010

Vida

De camino al sur me he fijado en un tipo de cactus que está como trepando en la secas montañas. No se por qué está así, como aferrado. No se si es así o se ha hecho así buscando agua. Siempre me ha llamado la atención la vida en el desierto, entre las piedras, ahí está, aparece, brota, es incansable, invencible, incontrolable. Extraña es la vida por más que la cuidemos a veces muere y por más que la destruimos a veces gana.
No podemos controlarla, no podemos controlar casi nada, aunque nos hagamos ilusiones y aseguremos nuestras cosas, nuestros viajes, nuestras actividades, no podemos aunque midamos, contemos, certifiquemos y sancionemos.
(La foto es en la isla... pero no del cactus en cuestión)

sábado, 24 de abril de 2010

Elijo decir gracias


No me había dado cuenta lo mucho que agradezco hasta que en esta nueva tierra recibí algunas reacciones inesperadas por dar las gracias. Es verdad que después de un gracias casi siempre viene un "de-nada", pero otra cosa es que en muchos momentos he tenido que discutir para mantener mi gracias. "No tienes porque darlas", me dijo... yo respondí extrañada: ¿cómo no?  Insistió: no digas gracias... Este diálogo, palabras más, palabras menos, lo he vivido varias veces ya.
En un principio pensé que quizás se debía a que las gracias, sólo se debían dar en ciertas ocasiones en las que lo recibido no entrara dentro de lo esperado, pero por otra parte veo cómo siguen inculcando a los niños dar las gracias en toda ocasión.

He preguntado a la gente "linda" (esta palabra tampoco se usa mucho) de esta tierra, alguna vez me han dicho que lo que experimento no es muy real, pero lo vuelvo a confirmar una y otra vez. Hace unos días agradecí a un profesor por su clase y me miró con seriedad diciendo: Por favor, no tienes nada de qué agradecer, no des las gracias. Es algo que debo hacer.
Es verdad, él está obligado a hacerlo cumpliendo unos mínimos de calidad, pero mi gracias es mío y lo doy cuando quiero y a quien quiero.
He pensado que tengo extrañas creencias sobre este mundo, creo que hay mucho más que los contratos, los intercambios, los deberes, los pagos, que nos relacionamos a un nivel mucho más profundo que lo que se mide y se pesa, porque en el fondo creo que muy pocas cosas son "merecidas".
Me encanta despertar y agradecer una caricia, una sonrisa, un desayuno, el agua, una buena clase, una atención, un servicio aunque sea pagado. Gracias por leerme.

lunes, 1 de marzo de 2010

¿Pregunta impropia?

Cuando llegué a esta tierra... me impresionaba mucho ver gente tan distinta, no estaba acostumbrada a la pluralidad racial, tan diversificada. Me daban ganas de preguntar más de una vez... ¿Tú de donde eres? Pensando que tal vez sería genial poder compartir. Al paso de los meses me doy cuenta que mi pregunta en principio y sin mala intención podría ser incómoda o incluso incorrecta.

¿Qué me va a contestar una mujer de origen chino o guatemalteco, que ha sido adoptada desde pequeña? ¿Qué significará mi pregunta para un hijo de padres de distinta "raza"? ¿Qué me va a contestar un inmigrante que acaba de conseguir legalizar su situación? ¿Qué voy a provocar con mi pregunta? Ahora se que las posibles reacciones a mi pregunta quizás no sean muy parecidas a lo que imaginé en un inicio.


Alguna vez lo pregunté... el país de origen resultó ser Cuba, yo me alegré. No obtuve ningún gesto de complicidad por ser latinoamericana... ese día aprendí que los prejuicios culturales son distintos para cada país, muy distintos y por doloroso que esto sea, algunas personas desearían no ser identificadas.


A fin de cuentas algunos/as, por su físico, se salvaban siempre de mi pregunta, y eso también me lleva por un camino posiblemente equivocado.